La forma de mirar(se), la forma en que acomodas su pelo o la forma en que se para o te toma de la mano. Creo realmente que esas pequeñas cosas de todos los días son las que se extrañan con el paso del tiempo y las que deberían capturarse en las fotos. Es necesario que haya un registro de lo importante pero también de lo que a primera vista pueda parecer intrascendente porque son esos pequeños sutiles detalles los que los hacen ser quienes son y que puedo captar a través del fotoperiodismo de bodas. 

Estoy convencida que cuanto más espontánea y genuina es una imagen, más valiosa es porque nos acerca a la esencia de la persona fotografiada. Entonces, quiero pedirte que vos, ustedes, conecten con su gente y con los momentos para que me permitan fotografiar eso mismo, esa conexión, ese brillito en sus ojos.

Si me dan la oportunidad de retratar(los) de esa manera, voy a alentarlos a olvidarse de la cámara y se dediquen a disfrutar de su día y de su gente. Déjenme a mi la tarea de crear(les) un relato del día a través de las imágenes de aquello que vivieron, de sus emociones, sensaciones, expresiones, siendo una más entre todos los presentes.

¿Por qué trabajo así? Porque en las entrevistas, muchas veces me dicen que no salen lindos en las fotos y yo les digo que las mejores fotos, aquellas que logran captar la belleza natural de las personas, son aquellas en las que la gente está conectada con el momento, divirtiéndose, sintiendo. Siento que esta manera de contar es la más cálida y respetuosa con ustedes y su gente, con los que están hoy y los que estarán mañana... las generaciones que irán llegando. Eso es el fotoperiodismo de bodas. No es una moda, es un compromiso con lo que es real y único. Así que sean ustedes mismos, hagan lo que se les cante en gana hacer y simplemente disfruten: esa es la única fórmula, la única consigna. No hay trucos. Simplemente, no me sale hacerlo de otra manera.